Quisiera hoy no amarte tanto.
Sólo por hoy.
Sólo para abrir la ventana y ver algo.
Respirar.
Sólo para que las personas que transitan
Allí
Alrededor de la casa,
Tengan un rostro.
No sé si sonriente.
Al menos un rostro.
Sólo hoy.
Ni siquiera.
Lo que queda de hoy,
Esta puta noche.
Un portal de honestidad.
Una fuga en el sistema.
Escuchar de lejos,
Por el agujero accidental,
El sonido del mundo,
Cómo es el sonido de un mundo sin ti.
No, no.
No, coño.
Mejor que el mundo te tenga.
SI uno de los dos tiene que borrarse
Para tener mi puta noche sin amor,
Que sea yo.
El sonido de un mundo sin mí,
El sonido de un mundo contigo.
Esos rostros sonreirían, lo sé.
Y el aire que entraría seria tibio,
Hospitalario.
Estos verbos no serían condicionales.
No estuviera yo firmando este garabato
Inestable,
De invisibles rimas.
domingo 29 de noviembre de 2009
viernes 13 de noviembre de 2009
Cuando me necesito, me busco lejos.
El semáforo en rojo. Hace años, o meses como años,Bebíamos vodka en mi casa pasada la medianoche.
¿Por qué se olvidan las palabras,Aunque me aferré a ellas tan fuerte? ¿En qué momento exacto las perdí,Los perdí, me perdí en esta avenida? "Conduce, conduce", me digo.Hoy tomé vodka muy sola, rodeada de cuerpos en sudor,mientras le contaba a un extraño todo lo que finjo y todo lo que extraño.Es a veces que me acostumbro a la cantina,al alcohol, a la forzada dopamina,al patio desolado de mi casa antes llena.
Cruza en esta esquina. Algunas luces me alumbran el perfil.Es martes. No debería estar aquí.A estas horas, a estas horas… A estas horas de borracha.De medio reflejo lejano. De torcidas muchachas.
Si te viera ahora, Si te tuviera aquí,¿Qué diría? ¡Ah! Pero te fuiste.Te perdiste.
Me perdí yo, en estas calles,en estos charcos, en los atajos,en mi carro. Suena Depeche Mode y una voz fina me dice que las cosas se dañan,que las cosas se rompen,
Me habla de palabras no dichas.
Estoy lejos, estoy lejos.No sé dónde estoy,¿Me habré alejado lo suficiente para llegar hasta ti?
Sólo veo faros esporádicos en aguas estancadas,sólo veo semáforos en rojo.
Es que te necesito a veces.
Es que necesito aquellas caras, las de siempre.Es que yo quiero aquellos tiempos,
Porque éstos de conducir ebria en madrugadas de martes me está gastando la vida.
Es que me necesito a veces,y me busco en las reacciones de los extraños ante mis historias de fiestas.
Me busco lejos.
Me busco en el vodka, a ver si me trae lo que me trajo en otros días, A ver si en el trago plateado veo reflejados los rostros de los que ya no están.Todos hemos cambiado. Pero no tanto. Me busco en las avenidas,en canciones de las buenas décadas,
En el asiento vacío a mi derecha.
Es que me necesito a veces.
¿Por qué se olvidan las palabras,Aunque me aferré a ellas tan fuerte? ¿En qué momento exacto las perdí,Los perdí, me perdí en esta avenida? "Conduce, conduce", me digo.Hoy tomé vodka muy sola, rodeada de cuerpos en sudor,mientras le contaba a un extraño todo lo que finjo y todo lo que extraño.Es a veces que me acostumbro a la cantina,al alcohol, a la forzada dopamina,al patio desolado de mi casa antes llena.
Cruza en esta esquina. Algunas luces me alumbran el perfil.Es martes. No debería estar aquí.A estas horas, a estas horas… A estas horas de borracha.De medio reflejo lejano. De torcidas muchachas.
Si te viera ahora, Si te tuviera aquí,¿Qué diría? ¡Ah! Pero te fuiste.Te perdiste.
Me perdí yo, en estas calles,en estos charcos, en los atajos,en mi carro. Suena Depeche Mode y una voz fina me dice que las cosas se dañan,que las cosas se rompen,
Me habla de palabras no dichas.
Estoy lejos, estoy lejos.No sé dónde estoy,¿Me habré alejado lo suficiente para llegar hasta ti?
Sólo veo faros esporádicos en aguas estancadas,sólo veo semáforos en rojo.
Es que te necesito a veces.
Es que necesito aquellas caras, las de siempre.Es que yo quiero aquellos tiempos,
Porque éstos de conducir ebria en madrugadas de martes me está gastando la vida.
Es que me necesito a veces,y me busco en las reacciones de los extraños ante mis historias de fiestas.
Me busco lejos.
Me busco en el vodka, a ver si me trae lo que me trajo en otros días, A ver si en el trago plateado veo reflejados los rostros de los que ya no están.Todos hemos cambiado. Pero no tanto. Me busco en las avenidas,en canciones de las buenas décadas,
En el asiento vacío a mi derecha.
Es que me necesito a veces.
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miércoles 28 de octubre de 2009
Del olvido.
Es grandioso olvidar las grandes cosas. Es grandioso porque, olvidar no significa que ellas desaparecen, sólo que nos hemos contagiado de una nublada e imperceptible ceguera y vamos por el mundo sonrientes no-viendo cosas. Como el amor, por ejemplo, que no se desvanece, pero a veces olvidamos que estamos enamorados y son como unas merecidas vacaciones al sol. Entonces, un día, sucede… cierras los párpados, abres los párpados, y allí está él (o ella, como usted quiera) mirándote sonriente, sonriéndote paciente, pacientemente esperando, y de golpe caes en cuenta de que siempre ha estado allí, y de que lo has amado por años pero oops! se te olvidó, allí decides que el Sol ha sido refrescante, pero nada como la lluvia torrencial que te está mojando los cabellos ahora, ahora que lo ves, y que recuerdas que no hay otro lugar donde preferirías estar.
Como aquél viejo (buen) amigo que ahora tiene otras cosas que hacer, y un día se encuentran por casualidad, y la conversación fluye tan avasalladoramente que es imposible no pensar la frase “Ah! sí! Ahora recuerdo porqué éramos tan amigos.”
Es también como escribir. (Siéntase libre de sustituir la palabra “escribir” por cualquier actividad que guste). Solía escribir todos los días, solía escribir incluso consciente de mi apurado e ínfimo talento, solía escribir imaginando los rostros de mis lectores, solía escribir sabiendo que no tendría lectores. Pero se me olvidó. Pasan meses. Mato el tiempo aquí y allá. Un poco de Sol. Luego llega el día, un día de esos días, ya saben, y me siento en la computadora y tipeo cualquier tontería planteada tontamente, una media sonrisa tonta se dibuja mientras se refleja en mis ojos la luz hiperbrillante del monitor. Puff!! Se desata la tormenta sin más, el pulso se dispara (sí, el pulso se dispara, un cliché súper barato) y resulta que esto es lo que amo, y resulta también que las emociones se olvidan, pero no por eso pierden fuerza ni vigencia.
A veces me olvido de mí, pero créame usted, nunca dejo de ser yo.
Como aquél viejo (buen) amigo que ahora tiene otras cosas que hacer, y un día se encuentran por casualidad, y la conversación fluye tan avasalladoramente que es imposible no pensar la frase “Ah! sí! Ahora recuerdo porqué éramos tan amigos.”
Es también como escribir. (Siéntase libre de sustituir la palabra “escribir” por cualquier actividad que guste). Solía escribir todos los días, solía escribir incluso consciente de mi apurado e ínfimo talento, solía escribir imaginando los rostros de mis lectores, solía escribir sabiendo que no tendría lectores. Pero se me olvidó. Pasan meses. Mato el tiempo aquí y allá. Un poco de Sol. Luego llega el día, un día de esos días, ya saben, y me siento en la computadora y tipeo cualquier tontería planteada tontamente, una media sonrisa tonta se dibuja mientras se refleja en mis ojos la luz hiperbrillante del monitor. Puff!! Se desata la tormenta sin más, el pulso se dispara (sí, el pulso se dispara, un cliché súper barato) y resulta que esto es lo que amo, y resulta también que las emociones se olvidan, pero no por eso pierden fuerza ni vigencia.
A veces me olvido de mí, pero créame usted, nunca dejo de ser yo.
miércoles 21 de octubre de 2009
Comienzo a sospechar qué es esto (VI parte)
“He aquí que yo estoy solo y tú estás sola.” Así comienza aquél poema, y sí, soy tan patética que recurro a las palabras de otro para afilar mi propio discurso, que es tan borroso, porque nunca fui breve ni precisa, aunque eso te hubiera gustado, ¿No? Pero es entretenido buscar entre líneas ajenas, ápices de mis pensamientos, como si se hubieran dispersado por el mundo tiempo atrás y ahora no me queda más que perseguirlos y recuperarlos.
He aquí que yo estoy sola y tú estás solo.
“Haces tus cosas diariamente y…” Sí. Se acerca bastante a lo que quiero decir que no sé qué es, y tampoco sé si es lo mismo que hay que decirse, pero Sabines lo supo y lo dijo, seguro, sin vacilar, entonces yo me robo su firmeza para rellenar los huecos de mi escaso talento. Cómo odio ese adjetivo: “escaso” pero se parece tanto a nosotros, a nuestras pocas cosas y pocos recuerdos, a la fugacidad de nuestros siempres, a la eternidad de nuestros pocos, a tu maletín marrón, a mis zapaticos sin pulir.
He aquí que yo estoy sola y tú estás solo.
“Haces tus cosas diariamente y…” Sí. Se acerca bastante a lo que quiero decir que no sé qué es, y tampoco sé si es lo mismo que hay que decirse, pero Sabines lo supo y lo dijo, seguro, sin vacilar, entonces yo me robo su firmeza para rellenar los huecos de mi escaso talento. Cómo odio ese adjetivo: “escaso” pero se parece tanto a nosotros, a nuestras pocas cosas y pocos recuerdos, a la fugacidad de nuestros siempres, a la eternidad de nuestros pocos, a tu maletín marrón, a mis zapaticos sin pulir.
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domingo 18 de octubre de 2009
Yo ni sé qué es esto (V parte)
Si nos sentamos uno al lado del otro me gusta, pero me guindo observándote porque estás distinto, yo te prefiero cuando corres en las noches por mi cuarto huyendo de mí, si nos sentamos uno al lado del otro estás estático y no hablas ni estás ni bebes, sabrás entonces por qué tengo esta sensación en la garganta de que algo hay que decirse.
Paciencia. Mientras planteo todos estos puntos inútiles estoy tratando de encontrar qué es lo que tiene que ser expuesto con tanta urgencia, espero que cuando lo encuentre se sienta un cortocircuito en el estómago, entonces exclamaré “¡¡Ésto!!”, pero, ¿y si no? ¿Y si ya lo dije, o nunca lo encontraré? Pido tu disculpa de antemano, y espero que ante mi ceguera tú sí tengas el coraje de entender lo que tiene que hablarse.
Paciencia. Mientras planteo todos estos puntos inútiles estoy tratando de encontrar qué es lo que tiene que ser expuesto con tanta urgencia, espero que cuando lo encuentre se sienta un cortocircuito en el estómago, entonces exclamaré “¡¡Ésto!!”, pero, ¿y si no? ¿Y si ya lo dije, o nunca lo encontraré? Pido tu disculpa de antemano, y espero que ante mi ceguera tú sí tengas el coraje de entender lo que tiene que hablarse.
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viernes 9 de octubre de 2009
Yo ni sé qué es esto (IV Parte)
¿Qué pasó? ¿Cómo pasó aquella noche que te vi y te abracé como si el momento lo ameritara? Desde entonces todos los momentos lo ameritan porque entre noche y noche se pasan años y océanos y camas, entonces algo hay que decirse, supongo, porque mis soldados me miran fijos, exigiendo la orden de comenzar la guerra, y tú estás allá examinando por encima párrafos que no están ordenados correctamente, tragándote a regañadientes muchos “peros” “y” “ni”, tragando cosas aparte de humo y eso te molesta.
¿Y si navegas por las otras cosas que te molestan, me encontrarías? Tal vez te toparías con otros cuellos y nombres, o evocarías cosas simples como el sonido de un tenedor contra un plato, la risa altísona de una señora regordeta, una espinilla en la punta de la nariz. Quizás se asomara uno que otro concepto universalmente “molestoso” como mentira o injusticia.
En cambio a mí me molesta que no puedo escribir algo más elaborado o convincente, convincente así, pelado, genérico, porque aún no sé de qué quiero convencerte, solo sé que a veces antes de dormir pero ya mucho después de apagar la luz y cerrar los ojos, una imagen de tu cara pasa muy rápido, entonces intento en vano atajarla o perseguirla, me quedo un rato pendiente a ver si aparece de nuevo, ésta vez estoy atenta, muy atenta, pero me quedo dormida sin verte de nuevo.
¿Y si navegas por las otras cosas que te molestan, me encontrarías? Tal vez te toparías con otros cuellos y nombres, o evocarías cosas simples como el sonido de un tenedor contra un plato, la risa altísona de una señora regordeta, una espinilla en la punta de la nariz. Quizás se asomara uno que otro concepto universalmente “molestoso” como mentira o injusticia.
En cambio a mí me molesta que no puedo escribir algo más elaborado o convincente, convincente así, pelado, genérico, porque aún no sé de qué quiero convencerte, solo sé que a veces antes de dormir pero ya mucho después de apagar la luz y cerrar los ojos, una imagen de tu cara pasa muy rápido, entonces intento en vano atajarla o perseguirla, me quedo un rato pendiente a ver si aparece de nuevo, ésta vez estoy atenta, muy atenta, pero me quedo dormida sin verte de nuevo.
jueves 8 de octubre de 2009
Yo ni sé qué es esto (III parte)
Pero tú estás leyendo esto y estás esperando que signifique algo, estás impaciente por comprender el mensaje, ojalá no estés sospechando ya, tan pronto, que no hay ningún mensaje, ojalá no estés encendiendo un cigarrillo o golpeando la mesa con tus manos asemejando una melodía que te distraiga del fastidio de tener que leerme, de tener que leer de muletillas y teclas sin propósito alguno.
Estoy frente al monitor y me estoy cuestionando algo que va a sonar cómo si te lo estuviera cuestionando a ti, así que accidental y hermosamente nos pregunto a los dos ¿Cómo hago para mantenerme aquí? ¿Cómo haces para mantenerte allá? ¿Cómo hacemos? ¿Cómo funcionamos? ¿Funcionamos?
Estoy frente al monitor y me estoy cuestionando algo que va a sonar cómo si te lo estuviera cuestionando a ti, así que accidental y hermosamente nos pregunto a los dos ¿Cómo hago para mantenerme aquí? ¿Cómo haces para mantenerte allá? ¿Cómo hacemos? ¿Cómo funcionamos? ¿Funcionamos?
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